Ubi vos exigo evolutio, ego volo ascio vestrum animo. Tu es pestis.

© Francisco Javier Maureira P. 2005 - 2017

11.9.14

Mis feroces propósitos.

Enfunda tu arma, mantenme a distancia, asegura mis cadenas; el problema no es la pertenencia, no son las preocupaciones, ni es la fidelidad, el problema no es quién se pueda enterar, ni es la competencia, el problema no es la culpa, el problema no es el cariño ni adueñarnos el uno del otro; el problema es tu incoherencia e imprecisión que me retienen esperando y acechándote como si fueses mi presa, esperando el mejor momento para embestir a consumir tu cuello para desgarrar tu carne; conozco muy bien el maleficio que nos rodea, te deseo, te apetezco, por lo mismo no te quedes; evita quedarte a comprender y conocer cuán intenso es amar en un sueño profundo, no sucumbas ante mi verdadera brujería; aléjate de mí ahora que estoy ofuscado por las dudas y ebrio en la confusión; es tu escape perfecto para no dar el siguiente paso hacia este frenesí eterno, escapa y no me hagas mayormente tuyo ¡que a la vez seré tu enemigo; tu sentencia capital, tu propio sicario, no desates las cadenas ni mi bozal!


10.9.14

Rencor futuro en equivalentes.

¿Quién quiere un pedazo de mí? ¿Quién quiere intoxicarse con un trozo de mi existencia? Mantente cuerdo, Francisco, mantente cuerdo; tiempo al tiempo, serénate y haz tus cosas. Arcada, aversión, asco, repulsión, repugnancia, grima, aborrecimiento, empalago, inapetencia, tirria, disgusto, temor, angustia, náusea, basca, vahído, vómito. Soy el último de la resistencia.


9.9.14

Acertijo arcano.

La atmósfera y el mundo por completo se habían acoplado; mientras que yo solamente a través de un pequeño agujero en el infierno podía ver hacia el futuro; me vi ahí en las calles de viento apático, como un hombre desorganizado, caminando, y mirando los árboles, el césped, y las flores que ya llenaban ese horizonte de vida, pero no sólo las personas actuaban extraño, sino que los difuntos también; el mundo entonces estaba alborotado y extrovertido, los perros ladraban a esa extraña presencia que me acompañaba a la cual paso a llamarle tragedia, la siniestra figura que levitaba cerca de mí. Daba igual en realidad, porque desde donde estaba mirando por el orificio se escuchaba el ensordecedor tic tac del temporizador, el tiempo se acaba y no logro descifrar el acertijo para salir de este lugar. Mejor me resigno, la bomba estallará igual; y qué más da, como toda persona dañada soy de lo peor, sé que sobreviviré.