Ubi vos exigo evolutio, ego volo ascio vestrum animo. Tu es pestis.

© Francisco Javier Maureira P. 2005 - 2017

18.10.10

Desahucio.

En tan sólo unos minutos bajo tierra el cielo se tornó tenue, repentinamente, y la gama azul ya no deslumbró más en mis ojos. Al tan sólo pisar el asfalto sin resplandor, con sorpresa se capturó mi alma, perdiendo el regocijo y descubriendo poco a poco las pisadas en la arena. El estómago se me revuelve, y el corazón presiona el pecho de forma latente con fuerza, con una fuerza que ruboriza las mejillas quitando el aire con la presión; la vista no se salva, sino que desvanece poco a poco, y yo ahí, callando un sueño o la ilusión, de espalda en seco contra el concreto.


13.8.10

La eternidad es poco.

Cariño mío, mis venas enredan tu corazón como una gran telaraña, conectándonos en lo más íntimo, bombeando tu explosiva sangre hacia mi cerebro, adueñándose tu ritmo cardiaco de mis pensamientos y haciéndome pensar sin cuestionar lo que sientes como algo mío, haciéndome sentir tan tuyo de una forma latente.

Déjame explicarte que ahora, aunque se me fugue la vida, seguiré así, y aunque me duela hasta el aliento, estaré para tí, y te hablaré de felicidad, dejando tu pasado y el mío, que no fue nuestro, atrás como a una gran cicatriz.

Pero sólo te pido que ahogues tus labios en mí, dándole fuego a nuestro amor, para que nos queme el alma y nos derrita en uno; para que el viento mezcle nuestras cenizas con su tibio soplo; así sentirás cómo es que el viento nos llevará por el mismo camino en la eternidad.


9.8.10

Maldigo el día en que te contrataron.

Mi pecho se presiona, dejandome sin aire, doliendome el aliento, necesitando tu presencia, tu amistad; porque los amigos están ahí, para dar un aliento, para arrancar una sonrisa donde el amor deja una lágrima... Nada me confortaría más que unos simples minuto de tu escucha, aquí, ahora; cuando duele tanto lo que callo para aparentar ser feliz. Y por eso, y tan sólo por eso, es que maldigo el día en que te contrataron.

26.7.10

Una historia para dormir.

Cuenta esta historia, que vivió un Príncipe de corazón malherido, y de corazón malherido porque vivió un infierno; en un reino iluso de fe y cierto en tristeza; el Príncipe sería el próximo para la Corona, sería el Rey que le sigue a su Padre, así el mismo le nombró, pero como en una tragedia griega fue herido a muerte por la envidia, personificada en quienes entonces más amaba. El Príncipe, luego de tal tormento, el cual casi le cuesta la vida y dejando severas consecuencias, despertó en algún lugar. Él no tenía idea alguna de dónde, ni de quien era. Con la cabeza un tanto mareada, sin ánimos y agotado, divisó a un hombre entrando por una puerta; el lugar estaba oscuro, con poca luz, y mientras analizaba la situación, aquel hombre le tomó la frente, murmuró algo que no supo entender, y desvaneció en sueños nuevamente. A los días, cuando ya estuvo mejor, y cuando ya llevaba tiempo charlando con aquél hombre misterioso, llegó el día en que surgió la duda; "¿qué pasó, y quién eres?"... Entonces aquél hombre, de apariencia seria, pensativo, y lúgubre, le llevó en penumbras fuera del refugio; era una cabaña, en un bosque espeso, en una noche donde la luna dejaba ver su danza erótica entre las hojas de los árboles macizos. Caminaron a un lugar no muy distante, y mientras caminaban le fue contando sobre él; el hombre misterioso era un mago, un hechicero que manejaba las artes oscuras, y debido aquello debía vivir un tanto alejado, y no contó más, se detuvo en un cierto punto del bosque, y narró con sus palabras lo acontecido en algún día de Febrero; el hechicero había encontrado al Príncipe, que hasta el momento no sabía de su linaje, inconciente en una fosa de cadáveres putrefactos, con signos de vida aún, y lo llevó hasta su hogar para recuperarle. No le contó más; quizás porque el hechicero ignoraba el resto de la información. Al día siguiente, bajaron las montañas hasta el pueblo, para abastecerse de cosas tales como comida, y otras tantas para realizar magia negra. El día amenazaba con truenos; así como las dudas invadían la mente del Príncipe, que anhelaba saber quién le había dañado de tal forma, para concretar venganza. En la tienda, la gente le miraba, volteaban la vista y murmuraban palabras sordas. Una anciana soltó en llanto y le abrazó, exclamando con alegría que estaba vivo; "¡está vivo, está vivo!"... Tan solo por impulso corrió en el impacto para afuera de la tienda, con el pulso acelerado. El hechicero, con paciencia salió luego de él. Lo tomó del brazo y lo encaminó hacia la salida del pueblo, hacia la subida de las montañas y el bosque. Mientras caminaban las miradas penetraban, y la gente se sumaba en escándalo. El hechicero contó la verdad; "eres un Príncipe, y tu familia te empuñó la daga en la espalda; no querían que fueras el nuevo Rey"... El silencio entró en la escena. El hechicero comenzó a marchar cuesta arriba, y dijo "puedes volver a tu reino", y comenzó a saborear la soledad otra vez. El Príncipe lo detuvo del brazo, y comentó que no deseaba volver a su Palacio, sino que quería su compañía. Entonces el hechicero le ofreció un espacio en su apocilga, y prometió cuidar de él, y también prometió hacerle sentir más que un Rey, y que estaría mejor que en cualquier Palacio del mundo.



19.7.10

Gracias, y sombra.

"Me salvaste, con tu pecho de par en par, y tu amor me hace bien, y tengo fe, porque mi amigo, no se explica así como así, pero te cuidaré mucho; te adoro... te adoro, y soy feliz junto a tí; y con los ojos bien cerrados creeré; no te haré daño. Me gustó conocerte, y miro hacia otro lado, feliz, porque te abrazo, y es lo que siento."

- Oscar; Francisco.


20.6.10

Eres tú.

Un suspiro entre el sudor, lo abstracto de un beso, la luz dentro de la oscuridad, un calor en la briza, una tormenta sin agua, una pasión que quema, un silencio que se disfruta, un llanto que desgarra, una necesidad que angustia el alma, una cualidad que no cabe en adjetivos, casi una perversión hacia los dioses y manjar del diablo, un corazón que deja su palpitar, una yaga que no sangra, más la ceniza como materia prima, un ósculo triste de felicidad, agonía de tantos, un último deseo, una mordida inmortal, una danza erotica, un calor provocativo al ánimo, y lo contrario al odio, lo malo y lo que hiere, porque no te llenas en unas palabras pensadas en tan solo segundos, minutos u horas de tan sólo un día, porque no te encuadro ni encasillo, ni te retengo ni te regalo; mío sin marcarte, mi amante, mi cómplice, la cordura, un susurro que paraliza, un sentimiento que no se entiende; un regalo al abismo, una sonrisa en la depresión, aire en el mar y la neurona omnisciente.

Al más dormir debo parecer.

Entre mi cabeza y mi espalda se separa mi cuello, se agudizan las yagas y sangra con coagulos, y caen gusanos, hongos, con hedor pestilente, y se pueden ver las vertebras, como mi espalda suavemente es rozada con plasma, y tu estás observando con anhelos de separar aún más la costura, y agrietar la soledad, la herida, de dilatar el momento aún más, para que mi cabeza se desprenda y así poder ver mi cráneo, mi cerebro, mis pensamientos, y mezclar con una cuchara tus lágrimas con mis sesos, con tu ira que maldice por tu boca, que te presiona el corazón de esa forma, que hace que tense más mis musculos y apriete los dientes, los puños y piense en otras cosas, que cuente al infinito sin poderme calmar...