Un suspiro entre el sudor, lo abstracto de un beso, la luz dentro de la oscuridad, un calor en la briza, una tormenta sin agua, una pasión que quema, un silencio que se disfruta, un llanto que desgarra, una necesidad que angustia el alma, una cualidad que no cabe en adjetivos, casi una perversión hacia los dioses y manjar del diablo, un corazón que deja su palpitar, una yaga que no sangra, más la ceniza como materia prima, un ósculo triste de felicidad, agonía de tantos, un último deseo, una mordida inmortal, una danza erotica, un calor provocativo al ánimo, y lo contrario al odio, lo malo y lo que hiere, porque no te llenas en unas palabras pensadas en tan solo segundos, minutos u horas de tan sólo un día, porque no te encuadro ni encasillo, ni te retengo ni te regalo; mío sin marcarte, mi amante, mi cómplice, la cordura, un susurro que paraliza, un sentimiento que no se entiende; un regalo al abismo, una sonrisa en la depresión, aire en el mar y la neurona omnisciente.
Entre mi cabeza y mi espalda se separa mi cuello, se agudizan las yagas y sangra con coagulos, y caen gusanos, hongos, con hedor pestilente, y se pueden ver las vertebras, como mi espalda suavemente es rozada con plasma, y tu estás observando con anhelos de separar aún más la costura, y agrietar la soledad, la herida, de dilatar el momento aún más, para que mi cabeza se desprenda y así poder ver mi cráneo, mi cerebro, mis pensamientos, y mezclar con una cuchara tus lágrimas con mis sesos, con tu ira que maldice por tu boca, que te presiona el corazón de esa forma, que hace que tense más mis musculos y apriete los dientes, los puños y piense en otras cosas, que cuente al infinito sin poderme calmar...
Y al álbum le cae polvo, y como ceniza descansa sobre nuestra memoria, y nos quedamos más viejos, con menos sonrisas, y la luna ya no nos ilumina; las nubes nos caen en la cabeza, con rayos y una tormenta que no podemos evadir, porque la pasión se duerme un tanto, se torna un tanto más difícil de consumar, y la memoria aparece nuevamente, la memoria es la que nos une más. Cierra los puños y apretalos bien, que lo vamos a enfrentar.
Y es que a pesar de todo, seguimos aquí, de pie, con el honor intacto, y tu olor me recorre la vida, me mata de un suspiro, al inhalarte dulce y tan suavemente. Porque tu aroma me resguarda, me calma, y me ensueña; te fantaseo... Ahora masturbarme pensando en tí no resulta una mala idea; no cuando extraño tu cuerpo, tus caricias, tu calor y tus besos...
Quiero que creas en mis palabras, en que nunca te dejaré de extrañar, en que en mí tienes plena confianza, en que soy tuyo y de nadie más. No sé lo que está pasando, y tengo miedo. Así que cerraré los ojos, y tendré fe en que fue un sueño, y así cuando despierte, estarás abrazando mi pecho otra vez, y estarás feliz porque estás conmigo, y estarás feliz al saber que te comienzo a amar, y eso porque lo que supiste ayer era leve, un querer hacia tí así no más, y lo que ahora siento es tan profundo que me quema el alma, la agrieta y la rompe, y deja una pasión ardiendo como fuego, como un agujero en mi interior al tan solo saber que estás sufriendo, que estás triste, sin siquiera saber que te quiero amar; que para mí significas todo... que por tí yo muero... no sé lo que hice, pero lo quiero remediar, porque yo lo que siento, durará una eternidad, y no una eternidad condicional; porque así como me enamoro, es como me cuesta dejar de amar. Lo demás lo decides tú; pero ten presente que quiero escribir esta historia sin un final.
Hace no mucho soñé que sangraba estas letras, y que me seguías atormentando, y descubrí que sigues despertandome en las noches... Sí, y ahora quiero que me dejes de poseer, porque cuando siento que estás en mí, es cuando no puedo confiar, porque a modo de culpa te atribuyo que no puedo amar, porque me generaste ese miedo, este terror, esta repulsión hacia las personas, porque por tí ya no presumo buena fe en los demás... Déjame vivir, déjame disfrutar lo que tu suprimiste... Y devuélveme el corazón para poder entregarlo a quien lo merece, a quien le interesa curar las yagas que dejaste. Cerraré los puños y aseguro, y juro, que si vuelves te irá mal; te arrepentirás.
Sin entramparse, abandonar el juego del deseo de el amor, de las
pasiones... de el fantasma de todo lo que no es, con sus cargas potentes,
en la insatisfac...