Mi mente es muy abstracta para tu comprensión, debido a tu intelecto y conocimiento vulgar, por lo que nunca podrás entender. El hombre que tu crees no es lo que soy... Mientras más pienso, más se intensifica la rara sensación de cuando se hace algo funesto; veo y sé cosas que no debería. Sí. Estoy solo y siempre lo he estado.
No soy yo mismo. No temo de tí, ya no me haces temblar. Juego a ser quien sea. Mi escencia la mantengo, pero ya no me haces sentir igual. No soy yo mismo. Me golpeas fuerte, me golpeas rápido. No soy yo mismo; soy nadie.
- Con tan sólo respirar, recuérdame quién soy, -le digo suavemente mirándole a los ojos- y recuérdame cómo amar... - ¿Así que quieres recordar cómo olvidar? -me responde Amenófis, un tanto serio.
Ambos sabíamos hacia donde tornaba la conversación ahora; ya no era grata. Realmente es angustioso sentirme así todos los días, debería decirle, aunque creo que ya lo sabe.