Ubi vos exigo evolutio, ego volo ascio vestrum animo. Tu es pestis.

© Francisco Javier Maureira P. 2005 - 2017

16.11.15

Símbolos.

Posterior a que desnudara su silueta para mí, justo en su pecho, dejó ver la brillante sonaja que colgaba de su cuello; una figura blanca opaca tallada quizá por algún indígena y un anillo marrón. Artesanías que a la luz de estas débiles lámparas lograron reflectar la luz precisa para intrigarme en la duda.

- Y eso, ¿qué es? - Pregunté mientras mi mano izquierda exploraba desde su hombro hasta su tibio pezón.

- ¿eh? - Susurró perturbado, llevando ambas manos de forma abrupta hacia su cuello para comprobar lo que llevaba puesto - No, nada.

Mala decisión la mía haber indagado en este momento respecto a aquello. El calor comenzó a disiparse y nuestras mejillas con rubor también. Aunque no quise dar mayor importancia, fue tajante la introspección que le causé; mi palma derecha dejó de acariciar tan viril miembro, que pronto dejaba ya de bombear tan exquisita sangre sólo por esta curiosidad en mi cabeza.

Frustré mi oportunidad de tenderme con tan deseado cuerpo, y lo único que obtuve fue un singular ritual para revivirle viejas memorias, que por lo pronto, ya me imagino de quién. Mejor no ofuscarme, prenderé un cigarro, me pondré de pie y le daré la espalda unos minutos para que no me note.

- ¿Todo bien? .. - Pregunto mientras retengo el humo un instante para luego exhalarlo, esperando desde ya, por la circunstancia, no provocar una escena de celos. ¡Pero qué cagazo el mío, ahora le escucho sollozar! Me apuro en girarme, en cueros aún hacia él. No está, al parecer nunca estuvo, pero el dulce cascabel alborota el leve sonido de los sollozos todavía; de pronto siento estos recuerdos colgar desde mi cuello. Terminaré en silencio este mentolado cigarro, aún de pie. Me sentaré al borde de la cama, me desvaneceré junto a mi vista, y esta vez, espero no despertar; espérame, que ya pronto moriré.



11.11.15

Magnetita.

Si lo piensas bien, no tenemos nada venerable para unirnos en excusa, sin embargo, aquí yacemos, bajo una fuerza asombrosa que aún teje nuestros corazones. ¿Sabes? Me desprendí, en parte, de algo etéreo, quizá un trozo de mi alma se cercenó a sí misma; nos corrompí consensualmente para fundir nuestros imanes en este brebaje profano; aunque ya no estoy 1570 kilómetros lejos de ti; tu ausencia me socavó.


16.10.15

Veintisiete.

"La luna estaba más grande de lo normal, se dejó ver más temprano de lo habitual".
- Jonah.


16.9.15

Veintiséis.

“Detrás de este triste espectáculo de palabras, tiembla indeciblemente la esperanza de que me leas, de que no haya muerto del todo en tu memoria”. 

- Cortázar.


15.9.15

Luz triste.

Debo reconocer que usted me tiene en un muy mal dilema, y la verdad, es que comienzo a sospechar que me manipula, y espero que no se olvide que soy tan libre, independiente, y orgulloso como usted. No confunda mi tolerancia con el cariño que le tengo, ni mucho menos, estas letras con una amenaza; pero tenga algo muy claro: acarreo demonios adentro.



10.8.15

Coloquio.

Es un libro abierto, desde sus ojos hasta sus silencios. Aunque no quiera y le cueste lo contrario, sabe que va a errar nuevamente, casi por costumbre, porque no puede negar lo innegable, y básicamente, porque es humano. Sólo espero que ese vacío que se auto flagela esté cargado de todas las consecuencias que suele acarrear; desde mi ira a mi indiferencia, y que ojalá, le valga la pena; los vectores se componen así.


Fosfeno.

Tras esas trompetas que sonaban más arriba que la lluvia, casi por instinto, me llevé las manos a los oídos, para taponeármelos, y aunque me bajaba una leve sensación de ansiedad por la columna desde la nuca, accedí a prometer lo que se me pedía, incluso contra toda la agresividad, incluso con lo débil que me sienta; no me importa que en mi piel ya se plasme el veneno, porque quizás, porque talvez, de todas formas en el fondo me agrada el petricor que producen sus lágrimas en su cara. Una vez se me dijo que las imprecaciones se devuelven, y hoy ya tengo pánico a dormir. Posiblemente mañana no pueda amanecer. Perdí mi humanidad, mi espíritu no tiene pulso y tras cuatro días de incansable búsqueda, no he podido encontrar más que hedor a descomposición proveniente desde mis entrañas. Juro que nunca había notado este hundimiento craneal, pero me vi obligado a rascarme los parásitos.