Mi mente es muy abstracta para tu comprensión, debido a tu intelecto y conocimiento vulgar, por lo que nunca podrás entender. El hombre que tu crees no es lo que soy... Mientras más pienso, más se intensifica la rara sensación de cuando se hace algo funesto; veo y sé cosas que no debería. Sí. Estoy solo y siempre lo he estado.
No soy yo mismo. No temo de tí, ya no me haces temblar. Juego a ser quien sea. Mi escencia la mantengo, pero ya no me haces sentir igual. No soy yo mismo. Me golpeas fuerte, me golpeas rápido. No soy yo mismo; soy nadie.
- Con tan sólo respirar, recuérdame quién soy, -le digo suavemente mirándole a los ojos- y recuérdame cómo amar... - ¿Así que quieres recordar cómo olvidar? -me responde Amenófis, un tanto serio.
Ambos sabíamos hacia donde tornaba la conversación ahora; ya no era grata. Realmente es angustioso sentirme así todos los días, debería decirle, aunque creo que ya lo sabe.
Muerde mis labios hasta sangrar, hierve mi mirada con tu pasión, ven, bésame una vez más, deja que la noche nos embriague, porque ebrio estoy con tu sudor, con tu saliva, con tu gemir, y grita, grita de dolor, porque tu dolor es mi placer... ¡¿por qué tu dolor es mi placer?!
De risa exploto para no morir de llanto, porque al tratar de escribir las estrofas más tristes, es cuando más te pienso y no quiero, no quiero recordarte como algo inherente a mí.
Siendo que me robaste la sonrisa y el sol, dejándome la lluvia, una humedad y la tristeza; porque tu pasar fue más lento de lo que esperé, ¡pero tan corto que deseo más!
Aunque si intento recordarte feliz, y indago, me recuerdo siempre a mi con todas las sonrisas, ¡que egoísta y ególatra soy, nunca en verdad me interesaste tú!
Consúmete en tu propia mierda; ve si puedes ser feliz con otro.
Sin entramparse, abandonar el juego del deseo de el amor, de las
pasiones... de el fantasma de todo lo que no es, con sus cargas potentes,
en la insatisfac...