He despertado recién. Hmmm... Me duele despertar; veo en la mierda en que estoy. Me acuerdo que no te tengo, que te haz ido de mi vida. Es como si estuviese de luto, lo juro. Me pasa siempre, en cada tétrica mañana que ha pasado. El Sol me da pena, es algo lúgubre para mi.
Las hojas caen tristes a tu pasar, no así las lágrimas, que ahuyentando el viento va. No te pienso, más es; te tengo... Como un vacío. Quizás como memoria con vida propia... Si tus ojos tan sólo no hablaran al sonar de las copas con resonancia al deseo, sin una tristeza, que se convierte en agonía. Este es el suave timbrar de tu rostro, que brilla, que me abandona así nada más. No sabes, aún no. Es triste el pensar, sí, pero el tenerte duele más. ¡Maldito seas, destino! ¿Cómo te atreves a llevarle así? Me raja el alma desgarrando el corazón, ¡¿y cuál corazón?! ¡si se lo llevó cuando se fue!... Las hojas están muertas, por eso caen. ¿Por qué no así tu imagen también?.. Que nefasto mi dolor, es como si murieses, como si te matase. Pero... No quiero que mueras. Aún así... ¡Muere de una vez, sino te asesinaré! Esto no es más que mis gritos de rabia, por tu querer.
Los colores no existen. Sólo nuestras mentes los ven. Las plantas y los musgos no lo sienten. Digo que no sienten porque sus almas no tienen, no emanan sentidos; no ven. Si los colores no existen y son sensibles, digamos que tampoco existe el amor. No existe el odio. No existimos nosotros. ¿Qué somos, entonces, si no existimos ni sentimos?... No somos nada. Somos potencias en el sentido Aristotélico. Somos un futuro que se construye, pero, ¿de qué sirve el futuro si no es el presente?... El futuro es proyectarse; idealizar. Entonces los sentidos también, como una ciencia exacta no empírica, pero ideal.
Hay que aclarar que no hay que confundir la nada con un vacío. Nada es tan sólo lo opuesto a todo. Así vacío es lo opuesto a lleno. Pero, ¿por qué al hablar de la vida, aparecen como sinónimos?...
El caso aún no comenzaba y el detenido esperaba paciente en su fría celda. Estaba siendo enjuiciado por demostrar sentimientos, sentimientos de naturaleza humana. El juez con su blanca melena y casi rubia, esperaba con odio. El murmullo en la sala obligó al juez a levantar la voz y tomar orden en la corte. El murmullo cesó. La autoridad mandó a llamar al enjuiciado, y le fueron a buscar. Él caminaba mirando hacia el suelo, con los ojos sin expresión, con lágrimas. Un escolta le golpea, el reo cae. Sangra, sangra su cabeza. Se pone de pié. Camina. Con movimientos de suave timidez caía la gota por su frente, se mezclaba con su tristeza y caía al piso. Llegan a la corte, y el murmullo comienza otra vez. Las miradas le penetran, lo apuñalan. Él no las siente, ya no puede sentir, no desea sentir... Toman asiento.
-¿Dónde está el litigante?... -Se ha ido. - Le responden al Juez. -¿Qué haremos con éste, entonces? -Tirarlo a los leones...
La audiencia aplaude.
-Que se levante el imputado. - y el reo se pone de pie.- ¿Cómo se declara usted?...
Aunque trató éste de hablar, sus palabras no pudieron salir. Alguien de la audiencia le lanza un objeto; el reo se tambalea.
-¿Por qué mostró sus sentimientos?... -No lo sé. - Responde éste, con voz distante. -¡USTED ME DA GANAS DE DEFECAR! - Se altera el Juez. - Se supone que usted... ¡Que usted tiene el corazón negro como el odio! -No. Esa persona me mostró que no. -¡¿Dónde ha dejado su orgullo, dónde ha dejado usted sus convicciones?! -Aquí las tengo... - El reo abre su pecho y muestra sus podridas entrañas. -¿Cómo es posible, entonces, que usted se sienta así?... -Porque en la verdad, mi corazón no es negro de odio. Es negro de dolor. -¿De dolor cómo, si usted no sabe amar?...
La audiencia aplaude.
-Pero para odiar, su señoría, primero debo amar. -Amarte a ti mismo, claro. ¡Pero odiar a los demás! -Él me enseñó que debo tomar el odio como a un rival. Él me salvó. -¿Salvarte de qué? -Del suicidio, señor. -¡USTED AÚN ME DA GANAS DE DEFECAR!... - La audiencia aplaude una vez más. - Traeremos a quien le ha provocado cambiar sus convicciones. Su sentencia es asesinarle. -No. No le deseo el mal. -Entonces usted va a morir. -No me interesa. El miedo por la sangre tiende a crear miedo por la carne. -¿A qué se refiere usted con eso?... -El miedo a vivir cede a un miedo por la muerte. -¿Entonces usted no tiene miedo a morir porque no teme a vivir?.. -Así es señor. Satán está conmigo.
La audiencia murmulla. El Juez gruñe y el murmullo muere.
-¡Traigan al verdugo!
El reo es llevado al medio de la tribuna, la gente grita ofensas y ríe. El verdugo empuña la vaina; el reo piensa. Piensa, y ahora sigue pensando. Aún espera su muerte.
Sé que dejarás un gran vacío en mi... No sé como sentirme. Pero si de doler se trata, me duele hasta el aliento. El sol ya no brilla y aprieto los dientes para no llorar.
Y así, cuando me alejo de todo y todos... Siento mi placer nuevamente. Así olvido que el conocimiento falla en el juicio y el razonamiento. También recuerdo mi antigua personalidad y a quienes tanto odio. La oscuridad consume mi corazón nuevamente, y me gusta.
Sin entramparse, abandonar el juego del deseo de el amor, de las
pasiones... de el fantasma de todo lo que no es, con sus cargas potentes,
en la insatisfac...